jueves, 27 de marzo de 2008

MENSAJE DE BENEDICTO XVI


Queridos jóvenes:

"Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hch 1, 8).

Se comienza a ser cristiano por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. Precisamente para favorecer este encuentro os disponéis a abrir vuestro corazón a Dios, confesando vuestros pecados y recibiendo, por la acción del Espíritu Santo y mediante el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Así se deja espacio para la presencia en nosotros del Espíritu Santo, la tercera Persona de la santísima Trinidad, que es el "alma" y la "respiración vital" de la vida cristiana: el Espíritu nos capacita para "ir madurando una comprensión de Jesús cada vez más profunda y gozosa, y al mismo tiempo hacer una aplicación eficaz del Evangelio".

Cuando era arzobispo de Munich-Freising, en una meditación sobre Pentecostés me inspiré en una película titulada Metempsicosis para explicar la acción del Espíritu Santo en un alma. Esa película narra la historia de dos pobres hombres que, por su bondad, no lograban triunfar en la vida. Un día, a uno de ellos se le ocurrió que, no teniendo otra cosa que vender, podía vender su alma. Se la compraron muy barata y la pusieron en una caja. Desde ese momento, con gran sorpresa suya, todo cambió en su vida. Logró un rápido ascenso, se hizo cada vez más rico, obtuvo grandes honores y, antes de su muerte, llegó a ser cónsul, con abundante dinero y bienes. Desde que se liberó de su alma ya no tuvo consideraciones ni humanidad. Actuó sin escrúpulos, preocupándose únicamente del lucro y del éxito. Para él el hombre ya no contaba nada. Él mismo ya no tenía alma. La película -concluí- demuestra de modo impresionante cómo detrás de la fachada del éxito se esconde a menudo una existencia vacía.

Aparentemente ese hombre no perdió nada, pero le faltaba el alma y así le faltaba todo. Es obvio -proseguí en esa meditación- que propiamente hablando el ser humano no puede desprenderse de su alma, dado que es ella la que lo convierte en persona. En cualquier caso, sigue siendo persona humana. Sin embargo, tiene la espantosa posibilidad de ser inhumano, de ser persona que vende y al mismo tiempo pierde su propia humanidad. La distancia entre una persona humana y un ser inhumano es inmensa, pero no se puede demostrar; es algo realmente esencial, pero aparentemente no tiene importancia.

También el Espíritu Santo, que está en el origen de la creación y que gracias al misterio de la Pascua descendió abundantemente sobre María y los Apóstoles en el día de Pentecostés, no se manifiesta de forma evidente a los ojos externos. No se puede ver ni demostrar si penetra, o no penetra, en la persona; pero eso cambia y renueva toda la perspectiva de la existencia humana. El Espíritu Santo no cambia las situaciones exteriores de la vida, sino las interiores. En la tarde de Pascua, Jesús, al aparecerse a los discípulos, "sopló sobre ellos y dijo: "Recibid el Espíritu Santo"" (Jn 20, 22).
De modo aún más evidente, el Espíritu descendió sobre los Apóstoles el día de Pentecostés como ráfaga de viento impetuoso y en forma de lenguas de fuego. También esta tarde el Espíritu vendrá a nuestro corazón, para perdonarnos los pecados y renovarnos interiormente, revistiéndonos de una fuerza que también a nosotros, como a los Apóstoles, nos dará la audacia necesaria para anunciar que "Cristo murió y resucitó".

Así pues, queridos amigos, preparémonos con un sincero examen de conciencia para presentarnos a aquellos a quienes Cristo ha encomendado el ministerio de la reconciliación. Con corazón contrito confesemos nuestros pecados, proponiéndonos seriamente no volverlos a cometer y, sobre todo, seguir siempre el camino de la conversión. Así experimentaremos la auténtica alegría: la que deriva de la misericordia de Dios, se derrama en nuestro corazón y nos reconcilia con él.

Esta alegría es contagiosa. "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros" -reza el versículo bíblico elegido como tema de la XXIII Jornada mundial de la juventud- y seréis mis testigos" (Hch 1, 8). Comunicad esta alegría que deriva de acoger los dones del Espíritu Santo, dando en vuestra vida testimonio de los frutos del Espíritu Santo: "Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí" (Ga 5, 22-23). Así enumera san Pablo en la carta a los Gálatas estos frutos del Espíritu Santo.

Recordad siempre que sois "templo del Espíritu". Dejad que habite en vosotros y seguid dócilmente sus indicaciones, para contribuir a la edificación de la Iglesia (cf. 1 Cor 12, 7) y descubrir cuál es la vocación a la que el Señor os llama. También hoy el mundo necesita sacerdotes, hombres y mujeres consagrados, parejas de esposos cristianos. Para responder a la vocación a través de uno de estos caminos, sed generosos; tratando de ser cristianos coherentes, buscad ayuda en el sacramento de la confesión y en la práctica de la dirección espiritual. De modo especial, abrid sinceramente vuestro corazón a Jesús, el Señor, para darle vuestro "sí" incondicional.

Queridos jóvenes, la ciudad está en vuestras manos. A vosotros corresponde embellecerla también espiritualmente con vuestro testimonio de vida vivida en gracia de Dios y lejos del pecado, realizando todo lo que el Espíritu Santo os llama a ser, en la Iglesia y en el mundo. Así haréis visible la gracia de la misericordia sobreabundante de Cristo, que brotó de su costado traspasado por nosotros en la cruz. El Señor Jesús nos lava de nuestros pecados, nos cura de nuestras culpas y nos fortalece para no sucumbir en la lucha contra el pecado y en el testimonio de su amor.

Hace veinticinco años Juan Pablo II dijo: "El que se deje colmar de este amor -el amor de Dios- no puede seguir negando su culpa. La pérdida del sentido del pecado deriva en último análisis de otra pérdida más radical y secreta, la del sentido de Dios" Y añadió: "¿A dónde ir en este mundo, con el pecado y la culpa, sin la cruz? La cruz se carga con toda la miseria del mundo que nace del pecado. Y se manifiesta como signo de gracia. Acoge nuestra solidaridad y nos anima a sacrificarnos por los demás".

Queridos jóvenes, que esta experiencia se renueve hoy para vosotros: en este momento mirad la cruz y acoged el amor de Dios, que se nos da en la cruz, por el Espíritu Santo, pues brota del costado traspasado del Señor. Como dijo el Papa Juan Pablo II, "transformaos también vosotros en redentores de los jóvenes del mundo".

Divino Corazón de Jesús, del que brotaron sangre y agua como manantial de misericordia para nosotros, en ti confiamos. Amén.

BENEDICTO XVI,
Homilía a los jóvenes de Roma
el 13 de marzo de 2008

jueves, 31 de enero de 2008

SAN JUAN BOSCO un santo para imitar

San Juan Bosco siendo un niño de nueve años soñó en su vocación sacerdotal y misionera, que luego lo llevaron a mirar las soledades de la Patagonia y de Tierra del Fuego. Fundó una nueva congregación en la Iglesia "Los Salesianos", y enseguida se dilató en múltiples obras.

Organizó numerosas expediciones de misioneros que partieron hacia todas las direcciones y poblaron los cinco continentes.
Consideró y amó siempre a Argentina como su segunda patria, enviando a estas lejanas tierras las primeras expediciones de misioneros salesianos. Brilla en el cielo de la Iglesia como un astro de primera magnitud. Dios le dio un corazón grande, inconmensurable, como la arena de la playa de los mares. El es el gran santo de la historia, que ha realizado la obra más universal, más útil para la humanidad. El sacerdote educador y pedagogo, padre de los huérfanos y niños abandonados. El inventor del Sistema Preventivo para la educación, fundado principalmente en la razón, en amabilidad, y en la religión, que brinda a Dios, a la comunidad y a la Patria jóvenes con capacidad de entrega, ciudadanos capaces de asumir sus responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad de nuestros tiempos. El confesor por vocación, que pasaba largas horas en el confesionario, y que jamás lo rindió la fatiga, confesando con caridad y paciencia a los niños. El que fue siempre sacerdote y en todas partes: en la iglesia, en el púlpito, en el altar, en el confesionario, en la calle, en el taller, en la casa del pobre, del enfermo y en los palacios de los reyes. El propulsor de vocaciones al estado sacerdotal y religioso, el forjador de laicos comprometidos con el auténtico testimonio de vida cristiana.

Juan Bosco fue apodado "El Loco" porque Dios le comunicaba en sueños aquellas cosas que parecían locuras, y que conservaba el juicio claro en medio de la confusión apocalíptica de aquellos tiempos.
Como predicador anunciaba la Palabra de Dios con sencillez, la proclamaba con el Fuego del Espíritu Santo, y la realizaba con el gozo cotidiano del testimonio de su vida sacerdotal. Inició la obra de redención de la juventud pobre y abandonada.

Aquí les comparto alguno de sus consejos:
"Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es defícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.
Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.
En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torente de palabras, ya que estas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables". (Tomado de sus Cartas)

Oremos:
Señor Dios nuestro, que has dado a la Iglesia, en San Juan Bosco, un padre y un maestro de la juventud, concédenos que movidos por un amor semejante al suyo, nos entreguemos a tu servicio, trabajando por la salvación de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


lunes, 28 de enero de 2008

CARTA DEL PAPA JAIME

El domingo pasado, cuando venía descendiendo de Monserrate al amanecer, después de mi meditación diaria, me sorprendí al ver en el pasto huellas recientes de sangre que se mezclaban con el rocío. Aquel color rojo encendido llamó fuertemente mi atención, ya que contrastaba con las gotas puras y transparentes del rocío. Inmediatamente pensé que habían atracado a alguien, por lo que decidí seguir las huellas, las cuales me llevaron a ascender nuevamente la montaña.

Mis ojos no podían creer lo que estaba viendo, ya que me encontré cara a cara con una mujer que se había auto flagelado y torturado y se arrastraba descalza con un rosario en sus manos llenas de sangre, tratando de cumplir una promesa que le había hecho a Dios, porque había sanado a su hija de una enfermedad muy grave.

Me quedé compartiendo un tiempo con ella, escuchando y tratando de entender lo que miles de seres humanos han dado por un dogma de fe y creen que es verdad. Después de escucharme por un buen rato, ella despertó de su inconsciencia y por primera vez, comprendió que el sufrimiento y el auto flagelo no la acercaban más a Dios y que la forma real de acercarse a él, es cuando compartimos el amor que está en nuestro corazón con todos los demás.

Espero que este mensaje haya llegado a tu corazón, fortalezca tu espíritu y lo puedas compartir con tus seres queridos.

Y recuerda …… Nunca, nunca jamás dejes de soñar

Un gran abrazo

Jaime Jaramillo "Papá Jaime"

domingo, 9 de diciembre de 2007

LAS VACACIONES


En el Evangelio leemos que cuando los Apóstoles llegaron de la misión Jesús les dijo: "Venid a un lugar apartado y solitario y descansad un poco" (Mc 6, 31). Jesús y los discípulos  cansados por la incesante actividad en medio de la gente, sentían de vez en cuando la necesidad de un momento de calma. San Marcos dice que las multitudes impidieron aquel deseado "retiro". De todos modos, queda claro el valor del descanso y la exigencia de utilizar el tiempo libre para experimentar un sano sosiego físico y sobre todo espiritual.

En nuestra sociedad, con frecuencia acelerada, frenética y competitiva, en la que predomina la lógica de la producción y del lucro a veces en detrimento de  la persona, es todavía más necesario que cada uno pueda disfrutar de periodos de descanso, en los que pueda recuperar energías y al mismo tiempo volver a encontrar un justo equilibrio interior. Las vacaciones tienen que ser utilizadas de manera sabia para que sean de provecho para cada uno y para la familia, gracias al contacto con la naturaleza, a la tranquilidad, a la oportunidad de cultivar más la armonía familiar, las buenas lecturas y sanas actividades recreativas; gracias sobre todo a la posibilidad de dedicarse más aún a la oración, a la contemplación y a la escucha de Dios.

Deseo a todos los que se encuentren en vacaciones un provechoso descanso, confiando a la Virgen María, especialmente a quienes se encuentran más cansados. Confío también a la Virgen a quien, por diferentes motivos, no tienen la posibilidad de dejar sus habituales ocupaciones ordinarias. Los recuerdo en mi oración.  

martes, 4 de diciembre de 2007

JOSEFINA BAKHITA

El ejemplo  de una santa de nuestro tiempo puede en cierta medida ayudarnos a entender lo que significa encontrar por primera vez y realmente a este Dios. Me refiero a la africana Josefina Bakhita, canonizada por Juan Pablo II.
Nació aproximadamente en 1869 en Darfur - Sudán -. Cuando tenía nueve años de edad fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices para el resto de su vida. 
Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Calisto Legnani. Aquí, después de los terribles "dueños" de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un "dueño" totalmente diferente -que llamó "paron" en el dialecto veneciano que hasta ahora había aprendido- , al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento solo había conocido dueños que la despreciaban y la maltrataban o, en el mejor de los casos, la consideraban una esclava útil. Ahora, por el contrario, oía decir que había un "Paron" superior a todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que este Señor es bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la quería. También ella era conocida y amada por el Paron supremo, ante el cual todos los demás no son más que míseros siervos. Ella era conocida y amada, y era esperada. Incluso más: este Dueño había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba "a la derecha de Dios Padre". En este momento tuvo "esperanza"; no solo la pequeña esperanza de encontrar dueños menos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; ese gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa.  Através del conocimiento de esta esperanza ella fue "redimida", ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que San Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban el el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sin Dios.  Asi, cuando se quiso devolverla a Sudán, Bakhita se negó; no estaba dispuesta a que la separaran de su "Paron". El 9 de enero de 1890 recibió los tres sacramentos de iniciación cristiana de manos del Patriarca de Venecia.  El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de las hermanas Canosianas, y desde entonces -junto con sus labores en la sacristía y en la portería del convento- intentó sobre todo, en varios viajes por Italia, exhortar a la misión: sentía el deber de extender la liberación que había recibido mediante el encuentro con el Dios de Jesucristo, que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas. La esperanza que en ella había nacido y la había "redimido" no podía guardarsela para si sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos.  


Benedicto XVI, 
Enciclica SPE SALVI n. 4






jueves, 15 de noviembre de 2007

Haz siempre lo máximo que puedas


Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue a un templo budista para encontrar a un maestro que le ayudase.

Se acerco a él y le dijo:

"Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?"

El maestro le miró y le respondió:

"Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo conseguirás dentro de diez años".

El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo:
"Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?

El maestro le miró y le respondió:

"si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años".

Pero, por qué tardaré más tiempo si medito más? -preguntó el hombre -

El maestro contestó:

"No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estas aquí para vivir, para ser felíz y para amar. Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación, pero utilizas ocho, solo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas, y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites, puedes vivir, amar y ser feliz".




Tomado del libro del Dr. Miguel Ruiz
LOS CUATRO ACUERDOS,
pp. 97-98